Escúchame,

no vueles con los párpados cerrados

abre tu mente y escucha lo que digo.

Escúchame,

no tientes a aquel ángel

que te arrulla con cuchillos.

Escúchame,

piérdete entre los gritos,

auséntate por un rato.

Dime

que tus palabras exentas de sonidos

son simples y apagados ruidos.

Dime 

que estarás pendiente,

que seguirás ahí.

Dime

que en estos tiempos tan fríos

ya no esperas nada de mí.

Hazlo

entonces,

de una vez y para siempre.