Sensaciones solamente han quedado del aletear de mis pájaros malditos.
Todas las nubes guerreras que se asomaron tras las marciales murallas
fenecieron ominosas, rebosantes de primorosa estupidez.

Las principales y meridianas rutas que transitaba
ríen satisfechas por quererse y saberse recorridas…
los rencorosos galeones colmados de vengativos remeros abandonaron la esperanza.

Entonces ellas volarán y se alzarán incólumes. Trascendentales y macizas.
Aquellos ondulantes pertrechos de batalla, hoy desaprensivos,
también ríen de una triste alegría pues se saben incluidos.

Ya en el exterior más alejado de las superficies mundanas
estoy librado al viento y con las raíces al descubierto
con la planta anclada a la pensante Tierra húmeda.

Ya las manos me reflejan en aquellos páramos de historias de un mar inmenso y sin costas
ya me llevan, me conducen, indefectiblemente sapientes de su atrevimiento
al querer estar, al amar saber y al feliz vivir.